sábado, 18 de agosto de 2012

Mis nubes.

Disculpe señorita. He notado en sus ojos una tristeza abisal, y he decidido por lo mismo y para alegrarla proponerle algo, que le parece si usted y yo de la mano caminamos por las calles ahora que llovizna un poco, callados, amándonos como nunca lo hemos echo por nadie. Disfrutemos el agua correr por las calles, saborear la danza de los faroles que acarician, y seguir caminado, luego un beso, otro y otro.
Pero no me mire usted así, yo le juro que no pretendo nada más que amarla esta tarde, quitarme un momento la tristeza y vestirme de nosotros, olvidar a fin de cuentas. ¿Qué dice?
Mi plan sería básicamente ese; caminar sin preguntarnos nada acerca de nosotros, imaginar y creer que ya nos conocemos, que ya no hay interrogantes, que las palabras sobren, mi deseo de morder su dulce piel no cese infinito.
La veo ya convencida, creáme soy sincero, tan sincero que le puedo decir que si no acepta usted seré el hombre mas desdichado y usted la mujer más desventurada. 

Ande vamos, no perdamos tiempo, que si oscurece ya no podré mostrarle mis nubes y yo quiero que usted les diga que será su dueña, se alegraran bastante.

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