Enfrente mío un libro, que me observa ansioso, no le tomo, quizá por que me pase leyendo sus páginas todo el día, quizás por que la parte que sigue de él me da terror. Nunca antes un libro me ha dado tanto miedo como hoy, y pensar que se pintaba romántico, poético, y resulto lo contrario; desolador.
Oscurece, y no tengo vino, no tengo tabaco, no tengo tangos ni boleros, no tengo tristeza, ni pocho de melancolía. La guitarra arrinconada, exhausta. Qué más: la nada.
Miro mis zapatos sucios, mi cuerpo de flaco.
Ilusión, esperanza, palabras burdas ahora que miro que me quedé también sin café, qué burdo. Hoy todo es quejumbre, malestar.
Miro los escombros del cuarto incompleto, que hace tiempo tendría que estar terminado, sin embargo hoy no tengo ganas, ni esperanzas, si acaso unas monedas para algo de café.
Ah, y este libro lúgubre. Este pedazo de atardecer, que para nada es hermoso; hoy no.
Oscurece, y no tengo vino, no tengo tabaco, no tengo tangos ni boleros, no tengo tristeza, ni pocho de melancolía. La guitarra arrinconada, exhausta. Qué más: la nada.
Miro mis zapatos sucios, mi cuerpo de flaco.
Ilusión, esperanza, palabras burdas ahora que miro que me quedé también sin café, qué burdo. Hoy todo es quejumbre, malestar.
Miro los escombros del cuarto incompleto, que hace tiempo tendría que estar terminado, sin embargo hoy no tengo ganas, ni esperanzas, si acaso unas monedas para algo de café.
Ah, y este libro lúgubre. Este pedazo de atardecer, que para nada es hermoso; hoy no.