sábado, 10 de agosto de 2013

Hoy no

Enfrente mío un libro, que me observa ansioso, no le tomo, quizá por que me pase leyendo sus páginas todo el día, quizás por que la parte que sigue de él me da terror. Nunca antes un libro me ha dado tanto miedo como hoy, y pensar que se pintaba romántico, poético, y resulto lo contrario; desolador.
Oscurece, y no tengo vino, no tengo tabaco, no tengo tangos ni boleros, no tengo tristeza, ni pocho de melancolía. La guitarra arrinconada, exhausta. Qué más: la nada.
Miro mis zapatos sucios, mi cuerpo de flaco.
Ilusión, esperanza, palabras burdas ahora que miro que me quedé también sin café, qué burdo. Hoy todo es quejumbre, malestar. 
Miro los escombros del cuarto incompleto, que hace tiempo tendría que estar terminado, sin embargo hoy no tengo ganas, ni esperanzas, si acaso unas monedas para algo de café.
Ah, y este libro lúgubre. Este pedazo de atardecer, que para nada es hermoso; hoy no.

sábado, 3 de agosto de 2013

Una vida de poemas.

Es sencillo escribir un poema, articular palabras.
Lo complicado es ser poeta, y quedarse sin qué decir,
quedarse sin palabras, consternado por repetirse,
lo complicado es escribir una vida de poemas.

domingo, 16 de junio de 2013

16 de junio.

Tengo otra vida. Una donde nací en el café más exacto, en un rosa proscrito a la melancolía. 
Tengo otra vida, la cual compartía desde el inicio de su historia, una vida que terminó en holocaustos.
En esa vida, con esa persona, somos dueños de un hogar que se derrumba a escombros, se empolva, se queda cada vez más callado y sin bailes, ciertamente se queda deshabitado.

En esa otra vida, tenía mi empleo, que era hacerla feliz desde las nueve de la mañana a las a cuatro de la tarde, mi salario eran sus sonrisas y sus besos. 
El domingo por la tarde, era un momento que yo anhelaba tanto desde el lunes por la mañana. Colocábamos
dos sillas en posición a la puesta de sol, o frente a la ventana si llovía, cosa que no sucedía muy seguido, y nos quedábamos ahí en silencio, a veces una hora, a veces dos, nunca tres; ella valoraba mi silencio, yo el de ella, entendía lo importante que es para mí ese silencio que yo prefiero llamar paz, sólo si está ella en esa silla de madera que ahora está floja y con algunas telarañas. 

Podía escribir que era feliz en las cartas que mandaba a mi muerte. Amaba, antes, al inicio de esa vida; amaba. 

Ella murió un dieciséis de junio, por la tarde. Yo no me encontraba en casa, había salido por una cajita de té,  
entre a casa con no sé que cosa en los pensamientos, pasé de largo la entrada donde aún estaban las dos sillas, entré directo a la cocina y puse el té en el cajón del mueble, pase a su cuarto y no la vi, grite su nombre para saber en que parte estaba, pero no oí respuesta. Noté que faltaban algunas de sus cosas que estaban a la vista, registre los cajones y puertas del closet, pero no había ni ropa, ni maquillaje, ni fotos, ni libros, nada de ella. Pasé a las demás habitaciones, y fue la misma cosa. 

No supe más de ella en esa otra vida que teníamos, que ahora sólo yo tengo. Murió y ahora la veo de vez en cuando, en las plazas, donde nos miramos fijamente y volteamos la mirada.
Ahora, he vendido la casa, en unos meses ya no será más de nosotros, ya no será mi problema. Ahora estoy preparando la soga que he de amarrar al techo para colgarme, para dejar de existir yo también en esta vida, 
la soga del olvido, la misma con que ella dejo de respirar para mí.

Antes del olvido, salí a sentarme en mi silla, está vez comenzaba a llover. Entré a la cocina por  el poco vino que sobró de la última comida, puse un bolero en el toca discos que ella rescató de un bazar, y volví a mi silla.

La lluvia se volvió llovizna, tantos recuerdos pasan como siempre, tantas ganas de resucitarla.
Tantas ganas de ir a devolvernos nuestra vida con un beso, decirle vuelve, muérete de tu vida presente, y renazcamos en la nuestra, la casa está cayendo.

No pude suicidarme, no pude como ella pudo, quizás no tuve el valor que ella tuvo y que hace que me dé cuenta todos los días de su valentía.

Así que todavía tengo esa otra vida. La persona que compró la casa quedó conforme, y al menos, tengo las calles y las plazas.





jueves, 18 de abril de 2013

Tengo sueño.

Tengo sueño, los ojos se me cierran.
Trato de conservarme en la vigilia,
trato de distraerme del bostezo.

Pero estoy cansado,
pero tengo miedo,
podría no despertar,
o lo que es peor despertar.

Así que tengo sueño, cansancio y miedo.
Cansancio de andar pensante,
otro miedo es soñarte.

No estoy a salvo de ti en ningún lado,
eso es alentador; te tengo de algún modo,
pero devasta el rostro, trae ojeras,
ayer me trajo insomnio, por eso hoy tengo sueño.

Eres causa, efecto y solución.
Solución porque si te apareces no hay insomnio,
no hay sueño, no hay miedo, no hay ausencia.

Está vez no estás, y por lo ya explicado
concluyo que tengo sueño de ti.



domingo, 17 de marzo de 2013

Sé que cuando caminas miras a tu derecha vacía,
por un imperceptible momento tu mano extraña.
Sé que hay migajas de pan en tus labios
que quisieras quitaran los míos, y entrecierras tu calma.

Sé que te duermes cantando y tranquila,
pero de alguna forma eso era preludio
para aguardar mis manos, por eso no te libras,
por eso no abrochas los botones de tu blusa.

Tu silencio se quedó programado para quebrarse al oír mi voz,
tu cintura, tus pies, tus piernas, todo tu cuerpo espera aún.
Tu inconsciente te dice en sueños que he de llegar,
y a mí me dice que tú esperas.

Sólo tenemos eso cuando llegan las siete de la tarde.



sábado, 2 de marzo de 2013

Trato de estar quieto,
sin hacer acordes ni baratijas,
trato de ser lo más posible otro, 
otro que se arrepienta de mí.

También los sueños se cansan
y hacen ademán de querer parar un poco,
hoy cedo a esa suplica, 
sirvo varios vasos para brindar con ellos.

En unas horas, las de siempre,
estaré ataviado de algo incomodo, 
habrá carne y cuestiones en la mesa,
habrá algo al menos diferente.

Se vistió rápido 
y salió despacio 
me quedé,
siempre me quedo.

Hace falta un nuevo número,
una nueva letra, un nuevo color,
un punto que sea más alentador
que el clásico y viejo infinito.

Hace falta un suspiro en tu boca.


lunes, 25 de febrero de 2013

Si pudiera alguna vez trazar con mis dedos un rayo de nada en el aire, 
luego ponerlo en un vaso y bebérmelo de un trago ahora,
ahora que ya es tarde y que mi puerta está muda e inconforme,
y siempre que alguien esté dispuesto a dejarme desabrigado.

No me importa tanto el echo de sentirme el de ayer;
ignorante y desorientado, atravesando cuestiones y desmembrando
lo que pudiera deshacer, no me importa en realidad,
me reconforta si acaso un poco, pues en ese ayer estabas.

Me es prescindible lo que hasta ahora pudiera necesitar,
requiero poco, no pido tanto; comida, agua, una cama,
guitarra, unos labios de mujer deshabitada, entre otras cosas.
Si pudiera alguna vez trazar un mural desesperado de no estar.

Que inevitable es volver utópico las cosas más simples.


domingo, 10 de febrero de 2013

Nada más.

Estuve a punto de decir "te pierdo",
y por un segundo redundante, excesivo,
me límite a decir ya no te tengo tanto.

Si tan sólo tuviera el polvo de antes,
y el puñado de escombros que hice hogar,
estaría abrigado en la chimenea.

No puedo respirar aveces,
ha complicado el asma
sin el inhalador de tu boca.

Todo empeora,
se agrietan los muros,
se cae la pintura.

Amarillean las fotos,
Me inculpo nada más,
por no hacer nada.

No quiero hacer nada,
qué puedo hacer
¿salir y causar lástima?

volver a casa
y confundir la soledad
con tu cuerpo dormido
que me esperaba.

Sí, te olvido, lo admito,
se van los rostros del espejo,
pero me queda a veces la sensación de haber extrañado
a alguien con ojos tristes.

Me quedan esas fotos
donde estoy con una mujerque ya no es,
para éste dejó de ser.

Hace días fue, y yo era,
hoy no somos. Hoy es ella,
aquí soy yo, nada más.









viernes, 14 de septiembre de 2012

Incorrompible y cansada

Sentiste el frío del agua y el agua sintió la calidez de tu rostro.
Te miraste al espejo tres minutos, como si cada vez que lo haces descubrieras otra persona, examinando bien tus ojos. Secaste tu rostro mojado y saliste del baño ya exhausta de más, sin otra idea en la cabeza y en los pies de recostarte al fin en la cama suave y abrasiva que te extraña estos días que llegas tarde y que se siente sola.
Te sentaste en la esquina de ella, y desabrochaste tus zapatos, lento, los quitaste liberando a tus pies que respiraron al instante.
Después el pantalón que apretaba tus muslos y tus piernas dulcisimas y asfixiadas, la camisa, el brasier; dejando al descubierto tus senos inocentes de tus actos cautelosos.
Destendiste la cama y entraste a su abrazo acogedor, miraste a la ventana y pensando en varias cosas del día y lo que harías al siguiente te fuiste quedando dormida, poco a poco, incorrompible y cansada.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Me vuelvo costumbre mía,
costumbre de caminar solo sin bastón,
sin calma, rápido sin motivo de prisas,
sin razón de llegar a todos lados.

Apenas ayer no sabía mi nombre
y hoy me dijeron que me llamo como quieras,
más nunca me llamas, ni pretendes hacerlo.

Y yo que no pretendo más que escucharte,
y espero tranquilo, sentado en en tu sala de espera
aguardo, con los ojos bien abiertos
por si en cualquier instante fuese mi turno.

Ojala te murieras para así recordarte por una buena razón
y no por que te amo.